Un WAF crea un escudo entre una aplicación web e Internet; este escudo puede ayudar a mitigar muchos de los ataques habituales.
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Un firewall de aplicaciones web (WAF) ayuda a proteger las aplicaciones web al filtrar y monitorizar el tráfico HTTP entre una aplicación web e Internet. Normalmente protege las aplicaciones web de ataques como el cross-site forgery, el cross-site-scripting (XSS), la inclusión de archivos y la inyección de código SQL, entre otros.
El WAF es una defensa del protocolo de capa 7 (en el modelo OSI) y no está diseñado para defender de todos los tipos de ataques. Este método de mitigación de ataques suele formar parte de un paquete de herramientas que, en conjunto, crean una defensa integral contra una amplia gama de vectores de ataque.
Al desplegar un WAF en una aplicación web, se coloca un escudo entre la aplicación web e Internet. Si bien un servidor proxy protege la identidad del equipo del cliente por medio de un intermediario, un WAF es un tipo de proxy inverso que protege al servidor de los riesgos al hacer que los clientes atraviesen el WAF antes de llegar al servidor.
El WAF opera por medio de un conjunto de reglas, normalmente denominadas directivas. Estas directivas tienen el fin de proteger contra vulnerabilidades en la aplicación al filtrar el tráfico malicioso. El valor de un WAF procede, en parte, de la velocidad y facilidad con que se pueden aplicar modificaciones en las directivas que permiten una respuesta más rápida ante diversos vectores de ataque; durante un ataque DDoS, se puede implementar rápidamente la limitación de velocidad modificando las directivas del WAF.
Un WAF que opera basándose en una lista negra (modelo de seguridad negativa) protege de ataques conocidos. Un WAF de lista negra es como el guardia de seguridad de una discoteca al que se le indica que impida la entrada a invitados que no cumplan con el código de vestimenta. Por el contrario, un WAF basado en lista blanca (modelo de seguridad positiva) solo admite tráfico que haya sido aprobado previamente. Sería como el guardia de seguridad de una fiesta exclusiva que solo admite a las personas que se encuentran en la lista. Tanto la lista negra como la lista blanca tienen sus ventajas y desventajas, por lo que muchos WAF ofrecen un modelo de seguridad híbrido que implementa ambas.
Un WAF puede implementarse de tres maneras, cada una con sus propias ventajas y desventajas:
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Un WAF ayuda a proteger las aplicaciones web al filtrar y supervisar el tráfico HTTP entre una aplicación e Internet. Garantiza la seguridad de la capa de aplicación, protegiendo los servidores contra amenazas comunes como la inyección de código SQL, el cross-site scripting (XSS) y la falsificación entre sitios.
Al desplegar un WAF, se coloca una barrera entre la aplicación e Internet. A diferencia de un proxy estándar que protege a un cliente, un WAF es un proxy inverso que protege al servidor al exigir que todos los clientes lo pasen para llegar a la aplicación.
Una lista de bloqueos o modelo de seguridad negativa deniega el tráfico basándose en patrones de ataque conocidos. Por el contrario, una lista de permitidos o modelo de seguridad positiva solo admite el tráfico que ya está aprobado. Muchos WAF utilizan una combinación de ambos modelos.
Los WAF operan basándose en políticas (conjuntos de reglas que filtran el tráfico malicioso). Estas políticas se pueden modificar rápida y fácilmente, por lo que permiten acelerar la respuesta a los nuevos vectores de ataque, como la implementación de la limitación de velocidad durante un ataque DDoS o el bloqueo de una nueva vulnerabilidad.
Los WAF se pueden implementar de las siguientes maneras: WAF basado en la red: suele ser un dispositivo de hardware instalado localmente para minimizar la latencia. WAF basado en host: integrado en el software de la aplicación, permite una mayor personalización, pero consume recursos del servidor local. WAF basado en la nube: una opción de seguridad como servicio asequible y fácil de implementar que proporciona actualizaciones coherentes contra las nuevas amenazas con un coste inicial mínimo.
A menudo se prefieren los WAF basados en la nube porque ofrecen una instalación lista para usar y no requieren tareas ni costes adicionales para la protección contra las últimas amenazas. Este proceso suele ser tan sencillo como un cambio de DNS. Aunque los clientes del WAF basado en la nube delegan parte de la responsabilidad a un tercero, se benefician de una solución que se actualiza para bloquear los nuevos ataques sin ningún esfuerzo por su parte.